EL AZÚCAR ITALIANO ENDULZÓ AL TERESA

Foto cortesía de Profit Producciones
Foto cortesía de Profit Producciones

Artículo publicado en Zeta, en marzo de 2012

La comunidad italiana de Caracas acudió el pasado martes a la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño para sentir el calor de su tierra en la voz de Zucchero

 Este martes, el Teatro Teresa Carreño parecía el Club Italo. Afuera, un vendedor ambulante ofrecía las franelas de “Chuchero”, cuando de pronto otro vendedor equivocadamente le corrigió diciéndole que se decía “Chúchero”, ante la risa de los presentes, quienes no se molestaron en decirles que en realidad se pronuncia “TZU-ke-ro”.

El público, compuesto en su mayoría por adultos contemporáneos y  familias completas,  asistió con toques pintorescos reminiscentes a una mezcla entre Rock in Roma y el Carnevale di Venezia, con grandes sombreros estilo copa, vaquero, y de arlequín con luces titilantes. Antes de que iniciara el concierto, la gente estaba  muy animada, cuando de pronto aprecio la agrupación venezolana C4 Trío. La sala reventó en aplausos al escuchar los veloces arpegios en los cuatros de Jorge Glem, Héctor Molina, Edward Ramírez, y de la veloz digitación del bajista Rodner Padilla, quienes por primera vez estaban en el Teresa Carreño. C4 Trío inicio su concierto de media hora con los temas Isn´t She Lovely de Stevie Wonder, Norwegian Wood de The Beatles y el tema del folclor venezolano Periquera con seis por derecho. La agrupación impactó al público con su particular entrega en los solos de este último tema, en el que hizo un trío ejecutorial donde cada uno de los cuatristas pisaba los acordes del cuatro del compañero que tenía al lado, al mismo tiempo que cada uno seguía tocando su instrumento, lo que les valió nuevamente una continua y fuerte ovación de pie. Minutos después, justo a las nueve de la noche, hizo su aparición el artista italiano Zucchero.

Zucchero, que como buen reggiano pidió para su camerino jamón serrano, aceite de oliva, carpaccio de atún y salmón, y tres sabores de un delicioso té inglés, inició su presentación detrás de las cortinas con una breve narración del origen de su más reciente producción discográfica Chocabeck. “La primera parte de mi show estará dedicado al producto de mi último álbum. Es el álbum de mis raíces, el dialecto del llano, o sea, de Reggio Emilia, de donde vengo. Chocabeck! Choca significa ‘hace ruido’ y beck significa pico de un animal. Así que es un pico que hace ruido porque no tiene nada en el medio. Era una expresión que mi papa me decía cuando yo era un niño y le preguntaba [pedía] algo de comer. Él, para no decirme que no teníamos nada, me contestaba ‘tenemos chocabeck’. Mucho tiempo imaginé que estos Chocabeck eran una cosa riquísima…y todavía los sigo esperando”, culminó Zucchero y empezaron a abrirse las cortinas que lo mostraban sentando, en el centro del escenario,  mientras  entonaba la canción Un soffio caldo al ritmo de lo que parecía ser el instrumento musical Chapman Stick tocado por el gran bajista que lo acompañaba. Zucchero, además de esta pieza, realizó un set de baladas entre las que estaban Il suono della domenica,  Soldati nella mia cittá, y É un peccato morir, para luego darle energía a la sala, que se levantó cuando recibió la instrucción de Zucchero “Caracas stand up”, acompañando con las palmas la canción Vedo nero. Durante toda la noche, Zucchero alternó los ritmos suaves y nostálgicos con otros más alegres, al igual que hizo con los instrumentos, con continuos cambios de guitarra. La audiencia repetía los coros de las canciones  Chocabeck, Oltre le rive, Alla fine, Spicinfrin Boy, God Bless the Child, Dune mosse, Diamante, y la bellísima Il volo. Además de escuchar estos apacibles temas, todos disfrutaron de pie los vibrantes y pegajosos temas: Un uovo sodo, Bacco perbacco, Baila (Sexy Thing), Con le mani, Overdose d´amore, Il mare impetuoso al tramonto salì sulla Luna e dietro una tendina di stelle y  Solo una sana e consapevole libidine salva il giovane dallo stress e dall’Azione Católica, canción que toda la audiencia repitió en voz muy alta de principio a fin. Con este repertorio tan completo era un imperativo que Zucchero cerrara su presentación con el tema Diavolo in me, para lo cual el rockero de Reggia se volteó, y en el momento en que el escenario se iluminó nuevamente, apareció con una peculiar máscara roja que simulaba la careta de un diablo, y al finalizar el tema, desapareció de la tarima. Similar a las ovaciones en los conciertos de música clásica, la audiencia estuvo aplaudiendo a Zucchero sostenidamente, silbando y gritando insistentemente para que regresara al escenario. Se escuchaba “Otra, otra”, “vuelve, vuelve” durante casi cinco minutos, hasta que con más fuerza gritaron su nombre y fue ahí cuando muy emocionado regresó, y con un “Grazie, molto grazie, grazie mile” inició sus temas del estribo She is my baby, Senza una donna, Miserere, canción que dedicó a Luciano Pavarotti, y  Per Colpa Di Chi.  Así, con un auténtico y alegre  “Ciao a tutti”, Zucchero se acercó a la orilla del escenario, tocó las manos de sus fanáticos…y le dijo adiós a Caracas.