EN LA CORTE DEL PRÍNCIPE PÚRPURA

IMG_4186Dentro de Paisley Park Records, estudio de grabación personal de Prince (Foto de internet)

 

“Cuando Prince trabaja con alguien es porque le tiene confianza. Igual el estudio de él es como la baticueva: seguro escucha todo, ve todo. La oficina de él le das a un botón, se abre el techo y entra el sol. (…) No sabías cuando estaba en el edificio. No sabías cuando salía ni cuando entraba. Tenía su propia entrada y su propia salida. A veces, en el edificio había algo que es como una torre y antes, no sé ahora, cuando él estaba trabajando, esa torre arriba, que era de vidrio, se prendía una luz púrpura como que si fuera que él estaba en el estudio. El lugar es increíble. (…) Todo el tiempo que yo estuve en el estudio nunca lo vi con un blue jeans o una T-shirt [franela]. Parecía que lo iban a entrevistar en 15 minutos y así se quedaba hasta las 6 o 7 de la mañana trabajando. Lo hacía único la creatividad, las ideas. Lo que hizo, yo creo que por mucho tiempo nadie se le va a acercar a él. O sea,  Prince tocaba guitarra increíble, tocaba todo y era un tipo que se la pasaba tocando y practicando. No fue solamente talento, él no paraba de practicar, de prepararse y de mejorarse”.-Recuerda César Sogbe

 

Por SARA KAFROUNI

Hablar de Prince, o querer saber de él, es un asunto de interés interminable, es continuo, y prácticamente te convierte en un devorador sin descanso de todo cuanto él creó y tocó, de sus manías (le molestaba que extraños tocaran su cabello), de ese mundo mágico, exuberante y tan privado como lo fue su vida personal. Su música era brillante, nació siendo un genio de las notas, de la composición, del sonido, del falsete y bendecido con un amplio rango vocal. Tanto así que no dudó en decir que él era música y más recientemente que iba a redefinir el “sonido de Minneapolis” del que él mismo fue pionero en los años 80.

Son muchos los que tuvieron el privilegio de trabajar para él, y uno de ellos fue el venezolano César Sogbe, ingeniero de sonido, quien suma a sus vastos trabajos y experiencia musical 11 Grammys (10 Latin Grammys) y formó parte del equipo de trabajo de Prince como ingeniero en mezclas en el icónico disco titulado Emancipation (1996), y en el anterior a este bajo el nombre de Chaos and Disorder (1996), así como en la grabación de un concierto en vivo en Miami y como sonidista de otro concierto en Chicago. En exclusiva, César Sogbe habla de su experiencia como ingeniero de sonido y muy especialmente de sus recuerdos de trabajo junto a Prince.

Son las 11:00 de la mañana de Miami, y los recuerdos de grandes momentos vividos con Prince van y vienen. Se mezclan con una profunda alegría y fortuna de poder compartir esas memorias con Prince, también conocido como El Artista, a quien considera como amable, tímido y muy creativo. Entre ellos se cuela el récord de sus 29 años de experiencia musical, de sus trabajos con R. Kelly, David Byrne y el de unos cuantos Grammys, que conserva en su casa como un reconocimiento muy personal por hacer lo que disfruta hacer: música.  “Yo siempre tengo tiempo”, dice. “Me voy del estudio y me pongo a hacer cualquier cosa o jugar playstation para descansar los oídos y regreso”. 

Su primer premio fue con la banda argentina Sindicato Argentino del Hip Hop, luego le siguieron otros con Rosario Flores, Julieta Venegas, Belanova, Vicentico, Natalia Lafourcade y así continuó.

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Grammys de César Sogbe (Foto cortesía de César Sogbe)

 

 

“Mi primera nominación fue en el 93, que los Latin Grammy no existían, y fue como Mejor Ingeniería de un álbum. No la gané porque estaba nominado contra unos discos bien fuertes, pero la nominación para mí fue bastante. Después de esa nominación me empezó a entrar muchísimo trabajo y fue cuando me llamaron del estudio de Prince, que querían trabajar conmigo acá en Miami Beach. Querían hacer algo y no me dijeron qué era. Me entero el día que se aparecen que estábamos grabando un disco. Pero él era así, nunca te decía lo que estábamos haciendo sino que cuando tenía una idea quería hacerla ya. No era nada muy planificado, era todo del momento”, comenta César Sogbe sobre lo que fue su primer encuentro con Prince.

 

Tres semanas en Paisley Park Records

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South Beach Studios donde César Sogbe trabajó por primera vez con Prince (foto cortesía César Sogbe)

El primer trabajo de César Sogbe con Prince fue como ingeniero de sonido en el álbum Chaos and Disorder, lanzado al mercado en julio de 1996, y fue su último álbum para Warner Bros. “Yo ni sabía lo que estábamos haciendo. Ese disco lo grabamos en cinco horas. O sea, sin voces, pero toda la instrumentación la grabamos en cinco horas. No hablamos mucho sino que entró, y le gustó cómo sonaba, porque él toca cualquier instrumento mejor que cualquier músico que está con él, y los músicos que están con él son increíbles. Graba mejor que cualquier ingeniero de audio que ha trabajado con él, mezcla mejor que cualquiera, pero es una persona que es tan inteligente que te deja hacer lo tuyo y te deja ser creativo. No está molestándote todo el día en el estudio. Yo estaba trabajando una canción y él ni pasaba por el estudio. En la noche me decía: ‘dame una copia que la quiero escuchar en el auto’ y me llamaba del auto y me decía: ‘cambia un par de cosas’ o me decía: ‘voy contigo al estudio a trabajar un poco’. Él era un tipo que se las sabía todas y te daba la libertad de ser creativo con su música”, resalta César Sogbe, quien añade que días después, alguien del estudio de Prince (NPG Records) lo llama y le dice que Prince estaba haciendo un nuevo disco y quería continuar trabajando con él.

 

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Estudio de grabación dentro de Paisley Park  (foto de internet)

“Yo estaba muy ocupado y esta llamada es a las 11 de la mañana y yo les digo: ‘ok, ¿para cuándo quieren que vaya a Minneapolis?’ y la muchacha me dice: ‘hay un vuelo que sale a la una de la tarde’. Yo en ese momento tenía que decidir si decirle ‘bueno, déjame ver si puedo’ y perder la oportunidad o irme y dejar que mi manager hablara con todo el mundo. Entonces, me monté en el avión y me fui. Y cuando llegué allá me estaba esperando un auto alquilado con una persona con mi nombre, me acuerdo que era un Volvo, algo así, con la dirección ya en el GPS, me subo al auto y me voy al pueblo donde está el estudio. Llego al estudio, digo quien soy y me dicen: ‘pasa, entra al lobby’, que tenía un techo altísimo. En el estudio, nada del primer piso tiene ventanas, pero si entras al edificio hay mucha luz porque tiene muchas cúpulas. El lobby tiene unas cúpulas de tres o cuatro pisos de altura, todo pintado de nubes, me siento ahí y sale la asistente y me dice: ‘ya quiere hablar contigo’. Entonces entro a su estudio y ya no estaba como cuando nos conocimos la primera vez. Todo muy normal. Hablamos del  contrato, del disco que estaba haciendo, de por qué se había cambiado el nombre, y todo esto me lo está contando con la consola que está en su casa donde grabó Purple Rain, estaban todas las guitarras enfrente de la consola recuerdo, todas los teclados detrás de él y un micrófono porque él mismo se graba las voces; a él no le graba las voces nadie, y el estudio de grabación tenía unas alfombras pérsicas hermosas y todas las paredes eran graffitis y bueno, nada, me fui para el otro estudio y ahí estuve con él trabajando en ese disco. Era un disco que eran tres discos en realidad [Emancipation]. A veces estaba mezclando una canción en el estudio donde yo estaba y me decía: ‘ven y empiézame una canción en el mío’. Entonces tenía dos mezclas al mismo tiempo”.

 

 

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Reconocimiento por el disco Emancipation (foto cortesía de César Sogbe)

César Sogbe comenta que una noche de un viernes, cerca de las 10 de la noche, estaba trabajando en el estudio y Prince se aparece con su guardaespaldas y le dice: “quémame un CD y vamos a ver si te quedas o te vas”. Sogbe hizo lo que le pidió y del estudio salieron a la discoteca que estaba ahí dentro del complejo de Paisley Park en Chanhassen, en donde Prince hacía fiestas gratis para la gente del pueblo. “Le quemamos el CD, vamos, pasamos por todo el mundo, se la dimos al DJ, pone el CD y la gente se vuelve loca. Entonces ahí lo miro y me río, se ríe conmigo y me dice: ‘bueno, dale, anda vete a trabajar’”, recuerda César Sogbe.

 

Para nadie era un secreto que Prince trabajaba horas continuas dentro de su estudio, donde prácticamente grababa algo todos los días. Idea que tenía la llevaba directamente al estudio y como era un instrumentalista, no necesitaba de nadie para materializar lo que su mente producía. Una muestra de ello son los más 40 álbumes publicados, las incansables giras, sin contar con el innumerable material que dejó sin publicar. No en vano fue considerado como uno de los artistas más prolíficos.

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Paisley Park Records (foto de internet)

En su experiencia, César Sogbe comenta que mientras él trabajaba, ya fueran las 4 o 5 de la mañana, el único que estaba en el estudio era Prince. “Yo me iba y él todavía estaba ahí y el mismo día, porque ya era de madrugada. Cuando yo volvía como a la una, él ya estaba ahí, ya  había hablado con toda la gente de la oficina, ya había practicado con la banda porque practica todos los días con la banda, y estaba en el estudio grabando otra canción. En aquel momento, si mal no recuerdo, me dijo que si él paraba de grabar en ese momento tenía música, o sea discos, para sacar por los próximos 15 años. Si eso era lo que tenía en aquella época, ahora es mucho más”. Y nada más cierto que esto, pues recientemente se comprobó que lo de la bóveda en su estudio con miles de grabaciones, y material inédito, era cierto.

 

Prince tenía un exquisito gusto por los autos, en los que muchas veces se dejó ver. “Yo me acuerdo que él tenía un BMW, un Z3, que era el primero que había salido. A mí me encantaba ese auto. Me quería comprar uno, y estábamos en el kitchen, y entra y me pongo a hablar con él. Ya el tipo era súper cool, y le seguía hablando del auto y me dice ‘bueno, si quieres te lo enseño’ y me lleva al sótano del estudio. En el sótano del estudio tenía como una bóveda de banco, que él me dice: ‘ahí nada más entro yo’. Y en toda la entrada de esta bóveda estaba la moto de la película Purple Rain. Entonces, pasas por ahí y había un sótano lleno de autos vintage de todos colores, Thunderbirds, tenía un BMW V7 púrpura y tenía este auto que yo quería. Entonces, me lo enseñó y fue muy impresionante ver que lo tenía”.

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Promoción de la última fiesta que Prince dio en Paisley Park (foto de internet)

CHICAGO, NY Y MIAMI

Trabajar con Prince era trabajar. Tenías que saber lo que hacías y más allá de eso ser realmente talentoso. Si decidía trabajar con alguien, era porque le gustaba y confiaba. Así lo recuerda César Sogbe, quien además de realizar mezclas para él de temas publicados y otros tanto sin publicar, de hacerle sonido en vivo en Chicago, grabar un concierto completo en Miami y hasta resguardar parte de su musical en una oportunidad que se encontraban en un estudio de Nueva York, también trabajó algunos temas de la esposa de Prince, Mayte García.

 

EL SONIDO EN CHICAGO

César Sogbe recuerda que cuando llegó a Chicago para hacerle el sonido en vivo a Prince, todo fue diferente a la primera vez, más desorganizado e incluso hasta se enfermó: “Cuando aterriza el avión, era invierno y había un frío. Entonces me enfermo, se me tapa la nariz y no escucho un carajo. Me meto en una farmacia y empiezo a comprar cualquier cosa, a tomar cualquier cosa para ver si se me destapa la nariz un poco, y nada. Entonces, entro [al evento] y veo una consola que nunca había visto en mi vida y digo ‘bueno. me la aprendo en el trabajo, no pasa nada’. Por algunas razones no hubo soundcheck [prueba de sonido] y me manda de nuevo al hotel, que fue la habitación más linda que yo he visto en mi vida, con las almohadas más sabrosas, y para hacerte el cuento corto creo que estuve en el hotel una hora. El Ritz, creo que era el Penthouse, una cosa espectacular. Me llaman al rato y me dicen: ’ahora sí vamos’ y me llevan con todo el equipo, todo el crew de músicos, de sonido, y llegamos al lugar y todavía no hay soundcheck. Todo esta tarde. Abren las puertas y empieza a entrar gente, y yo no tenía ni un micrófono abierto en la consola. Entonces el manager está a punto de desmayarse y yo lo miro y le digo: ‘Vamos a hacer lo que se pueda hacer. Aquí no hay más nada que se pueda hacer’. Y yo agarro y subo todos los faders [perillas deslizantes] y a todas estas no escucho nada. Es como que si me pongan algodón en las orejas. De repente escucho un alboroto alrededor mío y son los guardaespaldas, y lo tengo a él [Prince] al lado mío y la banda tocando la introducción del disco. El tipo sabía. Me dijo ‘Sube la guitarra, baja la caja, esto medio’. Armamos la cosa entre los dos. En tres segundos lo agarraron y se lo llevaron cargado para el escenario a través de toda la gente, lo subieron al escenario, agarró el micrófono, que en aquella época era [en forma de] una pistola dorada y empezó a cantar, y por ahí se fue la noche. Más nunca hice sonido en vivo”.

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Recibo de elaboración de pista para NPG Records (foto cortesía de César Sogbe)

MIAMI, EL CONCIERTO Y EL GLAM SLAM

César Sogbe vivía en Miami y así como se trasladaba par trabajar con Prince donde él quería, éste también llegaba en visitas inesperadas a Miami donde tenía un club nocturno donde se hacían largas colas para entrar. “Recuerdo que otra vez me llamaron como un jueves como a las dos de la tarde a mi casa. ‘Mira que El Artista’, no le podían decir Prince porque te echaban. ‘El Artista va a grabar un concierto en el Miami Arena y dijo que me iba a dar una lista de gente para que lo grabara y cuando abrí el sobre había un papel con tu nombre y con tu número de teléfono nada más’. En aquella época, para grabar un concierto en vivo tenías que llegar con un camión de 18 ruedas con un estudio adentro. Y el tipo me dice: ‘él me dijo que tú ibas a arreglar todo eso’. Entonces, con un día, tuve que buscarme un camión de estos con un estudio adentro, alquilar una maquina de Nashville que me llegara al día siguiente, y el sábado a las 10 de la mañana estaba entrando con mi camión para el lugar y lo grabé. Pero todo era así. De repente estabas mezclando y el tipo te decía: ‘estoy haciendo algo bueno con la banda. Vamos a grabar ya’. Muchos ingenieros de sonido, si van a grabar se meten media hora con el guitarrista o con la cantante buscando el sonido perfecto. Con él eso no existe. Con él si estás en el estudio y hay dos teclados, tres guitarras y un micrófono, todo tiene que estar conectado con ya el seteo [configuración] perfecto y nada más para grabar porque si le dices ‘vamos a agarrar sonido’ el tipo se va. Y todo es así con él. Siempre estaba de buen humor. Lo que sí es que él trabajaba más de 100 horas a la semana. (…) El tenía una discoteca en [la avenida] Washington y la [calle] 12, y el estudio en el que yo trabajaba quedaba en Collins y la 12. Él había comprado la discoteca que queda en la 1235 de Washington que en aquella época se llamaba Glam Slam y tú podías estar ahí un miércoles, un sábado o domingo y de repente sin decirte nada, sin anunciarlo ni nada, paraba la música y salía la banda, y nadie sabía que él estaba ahí, y tocaba un poco de conciertos a las tres, cuatro de la mañana”, cuenta César Sogbe como si todo hubiese pasado ayer.

 

NUEVA YORK, PRINCE Y SU MÚSICA

Lo que todos saben es que Prince resguardaba muy bien sus creaciones, pero solo los que trabajaron con él sabían hasta dónde podía llegar ese resguardo: “Él protegía tanto su música que una vez cuando estaba trabajando yo en Nueva York en un estudio de mastering, te ponían las canciones en un disco duro. En el año 97, un disco duro era del tamaño de un ladrillo, y [Prince] me dijo a mí y al ingeniero de mastering cuando estábamos en los estudios de Sony en Nueva York: ‘César se lleva los discos duros para su habitación esta noche’. ‘No, pero es que ahí tengo Mariah Caray, tengo este otro’, dijo el ingeniero. ‘No, a mí no me importa. César se lleva los discos duros esta noche para su hotel’, dijo tajantemente. Y yo me llevé los discos con todo eso adentro y volvía al día siguiente. Todo, nunca dejaba nada en ningún lugar”.

Según comenta César Sogbe, a Prince le gustaba mejorar aún más una canción que “ya era increíble”, pues no sólo producía su música sino que le gustaba consumir mucha música, comprar discos, tanto así que una vez se lo consiguió en una tienda en Minneapolis comprando música. “Me imagino que es como para mí. Yo escucho mucha música, de todo tipo. Esto es como leer para uno”, dice Sogbe. No recuerda qué estaba comprando en ese momento y tampoco era su interés invadir su privacidad. “Una sola pregunta sí le hice, que siempre la tuve en la cabeza, y fue muy graciosa la respuesta”, comenta entre risas, y recuerda que le dijo: “‘¿Por qué la canción When Doves Cry no tiene bajo?’ y me dice: ‘Tenía la mezcla lista y quité el bajo porque creí que había escuchado un ruido. Quité el bajo y me di cuenta que la canción me gustaba más así’. Y así era. A lo mejor el bajo era increíble, pero lo quitó y le gustó la canción y es un hit”.

Prince era muy reservado y percibido como tímido. Por eso su estudio, y casa, tenía muchas hectáreas de grama a su alrededor. Le gustaba las producciones grandes y de calidad. Era un ícono en la moda y protegía fervientemente su música, cada detalle de su vida y sus relaciones. Todo el que trabajaba con él firmaba un contrato en el que tenía prohibido dar entrevistas o dar información de lo que se hablaba o pasaba a su alrededor. Es por esto, y por la protección que tenía con su prolífica creación, que cuesta creer que aún no haya aparecido un documento en el que especificara que quería hacer con sus propiedades, tanto inmuebles como creativa e intelectual, valorada en cerca de los 300 millones de dólares.  

Pese a que Prince falleció tempranamente el pasado 21 de abril, lo que hizo, la obra que dejó, supera los límites de la genialidad creativa y quedará vigente por generaciones, incluso a través de las personas que inspiró. Es quizás por esa razón que personas como César Sogbe aún hablan de Prince en tiempo presente, como regresando el tiempo y manteniendo al Artista vivo.

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